De: el sentenciado
Para: su verdugo
¡Ah de los vencidos!
De los últimos, de los peores,
de malos y perdedores.
¡Por todos ellos suplico!
Quién me iba a decir a mí
que acabaría igual que ellos;
pues desde que te vi,
cegado por tus ojos, por tu figura,
por tu suave cabello,
¡por esa gran hermosura!
no supe ver la realidad.
No antes de tu rechazo,
de tanta calamidad,
de este trágico flechazo
que me ha robado mi alma.
Pero ahora vendrá la calma.
Me despido de ti, querida,
y del mundo, y de mi vida.
Mi espíritu yace ahorcado
desde el día de tu desdén
Ruéguese por el enamorado,
¡amén!.
ENRIQUE IRANZO ANDRÉS (2ºBachillerato Tecnológico).
lunes, 17 de marzo de 2008
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